El día que fallecí fue el mas feliz de toda mi vida, porque pude volver a ver a toda la familia reunida por ultima vez.
Mis emociones estaban en un vaivén, podía sentir como querían salir de mi cuerpo y la única manera de hacerlo era a través de mis ojos. Tenía angustia y no sabia porque, estaba totalmente inestable.
Solo quería que los problemas que ahora me aquejaban se fueran u oír la voz de mi madre que al llamarme como cuando era pequeño me digiera que todo estaba bien.
-Logre entenderlo me estaba volviendo viejo.-
Así camine hasta la plaza más cercana y comencé a columpiarme para ver si podía sentirme nuevamente como un niño.
El sol se encontraba arriba de su cabeza eran las 14:15 hrs. en punto.
Lo invadía un nerviosismo inevitable, su estomago se contraía y su respiración se cortaba cada vez que se acercaba a su martirio, con el cual debía lidiar día a día.
Siempre se cuestiono por que a el, pero sin embargo no busco explicaciones ya que tampoco le servirían.
Se sentía la mancha de ese lugar, nadie lo veía y jamás traspasaron mas aya de los rumores o apariencia. El tenía tanto por entregar solo quería una oportunidad para que se dieran cuenta de lo mucho que valía. Pero sus anhelos nunca fueron cumplidos.
La única hora en el día en que lo notaban era cuando dejaban violetas en su cuerpo, violetas que callaba y que no mostró a nadie. Talvez fue tonto, quizás no tubo las agallas, pero como tenerlas si nunca nadie lo oyó, sus gritos podían ser escuchados por cualquiera pero aun así los que lo rodeaban eran sordos.
El comenzó a cambiar, a convertirse en lo que nunca quiso ser, ya no era el mismo. A su alrededor nadie lo noto, pero en su interior el sabia que su corazón se había vuelto frío y rencoroso.
Ya que cada violeta que escondía, clavaba una nueva espina en su agrietado corazón. Cada día se formaba mas odio con el cual hoy debe lidiar, se convirtió en todo lo que odiaba, siendo un extraño en su propio cuerpo.
Siempre que llega a casa va a su cama, ahoga la rabia en su almohada y llora, llora hasta no más poder. Creyendo que algún día estará tan seco que podrá llenarse de felicidad de nuevo.
